La construcción de la ciudad judicial de Dolores, anunciada con bombos y platillos por la gobernadora María Eugenia Vidal y por el intendente Camilo Etchevarren, fue abandonada en medio de denuncias de corrupción y se transformó en una nueva obra-fantasma del régimen de Cambiemos, dejando un saldo de fondos públicos dilapidados, destrucción de fuentes de trabajo y promesas incumplidas.

Por Claudio Siniscalco

El 12 de abril de 2018 muchos medios oficialistas se hacían eco de la visita de Vidal a la ciudad judicial: “Me gusta venir a recorrer este lugar, poder decirles a los ciudadanos, Dolores crece, más de 100 personas tienen trabajo gracias a esta obra. Es acá donde la gente nos quiere ver, no especulando o hablando de candidaturas. Es la primera en nuestra gestión en la Provincia que ya no es un sueño sino una realidad y si todo sigue así en marzo del año que viene estará funcionando”, se entusiasmaba la gobernadora.

Y añadía: “La Ciudad Judicial es la obra y proyecto del intendente, con los fondos de la Provincia, el terreno es Municipal, pero no queda acá porque al mismo tiempo el presidente Mauricio Macri además otorgó fondos para mejorar las calles de alrededor, colocar iluminación LED, construir cordón cuneta, para llevar cloacas y agua potable al barrio. Esto es lo que denominamos trabajo en equipo“.

El final fue casi de cuento de hadas: “Al despedirse, la gobernadora recibió una Torta Argentina producto típico de Dolores, que tiene su Fiesta el 25 de Mayo y una estatuilla de la Fiesta Nacional de la Guitarra, celebrada con reciente éxito en el distrito”.

Todo muy lindo, pero pasaron cosas…

Meses después, la realidad se empeñaba en contradecir ese relato tan emotivo: “Llegamos a ser casi 150 empleados (otras fuentes consultadas por IB24 elevan el número a 170), entre obreros, administrativos, personal jerárquico y contratistas. Para fin del año 2018 ya se rumoreaba la paralización del proyecto y empezaba nuestra angustia de perder nuestros puestos de trabajo. A partir de esa fecha, cada cierre de quincena despedían entre 5 y 10 empleados. El 15 de junio de este año despidieron a los últimos empleados, cerrando con candado todo el predio y haciéndose cargo del servicio de seguridad una empresa privada”, nos comenta un trabajador contratado por una compañía constructora de la Ciudad de Buenos Aires, que estuvo en la obra durante dos años y que, por su función, conocía casi todo el movimiento.

Para fin del año 2018 ya se rumoreaba la paralización del proyecto y empezaba nuestra angustia de perder nuestros puestos de trabajo

La paralización del proyecto supone varios perjuicios: además de no lograrse el objetivo de brindarle a los ciudadanos un servicio de justicia más ágil y accesible, y a los trabajadores judiciales un lugar de trabajo más confortable, se gastaron cientos de millones de pesos (el presupuesto original era de casi 400 millones) y se seguirán pagando entre 700 mil pesos y 1 millón (según la fuente) por mes en alquileres de casas particulares en las que funcionan sedes judiciales.

El curro interno: robar mientras que dure

¿Por qué abandonar una construcción tan grande y casi finalizada? El avance de obra se ubicaba en alrededor de un 85 por ciento. El edificio consta de planta baja, primero y segundo piso, tiene 5 sectores, 14 ascensores colocados y funcionando, 350 puertas colocadas, todos los baños instalados, con sus respectivas griferías y funcionando, tanques de agua, sistemas de aire acondicionado y calefacción, todo eléctrico, totalmente colocados, en terraza y adentro. Falta pintar y dar los últimos retoques.

“Cada tres o cuatro días venía un contratista nuevo. Terminaban la planta baja y cuando iban a arreglar por el primer piso no arreglaban y llamaban a otro contratista, que hacía el primer piso, y cuando iban a arreglar para hacer el segundo, decían que no y contrataban a otro. A uno lo traía el arquitecto de Mar del Plata, al otro el capataz de Buenos Aires. Eso  fue un curro interno”, nos explica nuestra fuente. Y agrega: “La mordida es grande. El jefe de obra y todos los arquitectos que pasaron, cada cual tenía su amigo”.

Además de apelar a los amigos para la contratación de servicios, muchas compras de materiales se realizaban en comercios de la confianza del personal jerárquico y no directamente en las fábricas, donde los precios eran sustancialmente menores

“Se robaron 66 millones”

En Dolores, los menos críticos hablan de desidia, de desinterés por parte de los funcionarios provinciales y municipales. Pero en los pasillos con acceso al poder utilizan otra palabra para explicar el abandono del emprendimiento: corrupción.

Y mencionan la cifra de 66 millones de pesos. “Gente muy amiga del intendente de ahora me dijo: se robaron 66 millones de pesos”, señala otro de los trabajadores que se desempeñó en la obra, coincidiendo en la cifra con otras fuentes consultadas por IB24.

Si la Justicia decidiera investigar y los medios de comunicación adictos al oficialismo dejaran de ocultar todo lo que no le gusta al poder, algún día conoceremos más detalles sobre el abandono por parte de Vidal y Etchevarren de este gigantesco proyecto.

No sería la primera obra que abandona la gobernadora ni la primera causa por corrupción que enfrenta el intendente de Dolores, hasta ahora todas cajoneadas por jueces amigos. Pero ojalá sea la primera en la que la promesa de “investigar hasta las últimas consecuencias” por fin se haga realidad.

Fuente: Infobaires 24