“Hoy su cara está en todas las remeras, es un muerto que no para de crecer”, dice la Bersuit y nosotrxs nos identificamos. Gritamos fuerte su nombre, porque gracias a él comenzamos a militar. No es un muerto más cómo piensan lxs consumidxres de mentiras.

Néstor Kirchner fue, es y seguirá siendo parte de un proyecto lleno de convicciones, que queda en cada una de nuestras banderas. Tampoco es una remera más, es la imagen de un líder que elevamos con los brazos en alto. Con orgullo y pertenencia.

Y así con esta imagen, que es más que un pedazo de tela, nos paramos frente al poder de turno que intenta despolitizar a la sociedad. Una gestión que pretende implantar en los ciudadanxs pensamientos de “meritocracia”. Una gestión sin empatía, en donde las políticas de estado no sirven. Y esto de ganarse las cosas por mérito comienza a sonar a mentira, porque vos trabajas todos los días, reducís los gastos, incrementas las horas de laburo. Pero no alcanza. La billetera está vacía y las ilusiones rotas. Te sentís abandonado, extrañas a un Estado presente, que piensa en tu progreso, en el de tu amigx, el de tu vecinx, en el comerciante del barrio que bajó las cortinas.

Carrió se burla de una persona que ya no está, de los precios de las góndolas, mientras el empleo se reduce y la pobreza se acrecienta. Sus votantes ríen con ella. Y el dolor ajeno se convierte en un mero chiste.  Pero a pesar de todo, volvés a soñar con él, y apretas fuerte la remera, para que no te quiten nada más. Intentas contagiar al otro para que pueda volver a intentar vivir en un mundo menos egoísta.