La Policía de la Ciudad desalojará por orden de un Juez a 106 familias en Parque Patricios


La Policía de la Ciudad desalojará por orden del juez Cesari la Casa Santa Cruz, donde viven 106 familias, en total 316 personas. A pesar de la solicitud de prórroga del lanzamiento del desalojo presentada a comienzos del mes de agosto desde la Defensoría del Pueblo, el 16 de agosto, el juez Cesari informó que dicho lanzamiento se instrumentará los días 18, 19 y 20 de septiembre.

El inmuble, ubicado en el barrio de Parque Patricios, en Santa Cruz N° 140, a pocas cuadras de la sede del Gobierno de la Ciudad, aloja a 131  adolescentes, niñas y niños.

Entretanto, el 2 de agosto, los habitantes acompañados por todas las organizaciones, presentaron un Proyecto de Ley de “Reurbanización e Integración socio-urbana de la Manzana Finochietto del Barrio de Parque Patricios” (Expediente: 2073-8-2019), como parte de la iniciativa ciudadana de encontrar solución no solo al problema habitacional de la Casa Santa Cruz, sino a las necesidades de toda la manzana, que a pocas cuadras del Distrito Tecnológico, no cuenta con servicios de cloaca, ni de desagües, y cuyos habitantes nunca lograron obtener las escrituras de sus propiedades

La Legislatura de la Ciudad no ha tratado este proyecto ni este conflicto en ninguna de las reuniones de sus comisiones.

Fuente: Infobaires 24



 

“Casa Santa Cruz”: 100 familias convirtieron una hilandería abandonada en su hogar y ahora pueden perder su único techo

Uno de los acceso a los primeros pisos a la ex fábrica. En los rincones del establecimiento los vecinos construyeron departamentos, levantaron paredes y abrieron ventanas.

La chicharra de la alarma retumba en todo el edificio como si fuera una alerta de incendio. De a poco, varios vecinos bajan de las escaleras al hall central y se agolpan para recibir la visita de Infobae.  “La usamos cuando hay que avisar algo importante“, comenta uno de los habitantes de la mole de cemento que en el pasado fue la ex hilandería SELSA, una empresa fabricante de toallas.

En el sitio de la calle Santa Cruz 140, del barrio porteño de Parque Patricios, viven aproximadamente 100 Fabrica-Vivienda-15familias. Ya no queda nada de la actividad industrial. Décadas atrás, el lugar estaba vacío y abandonado, hasta que varios grupos de personas lo empezaron a ocupar. La ex SELSA fue una respuesta ante el endémico déficit habitacional del país y se convirtió en su hogar. Pero hoy se respira miedo: una orden de desalojo inminente los puede empujar a perder su único techo.

“Dormimos cinco en el piso de arriba. Tengo a un nieto que está en edad de colegio y otro que es enfermito. Mi hija también estudia, yo me quedo acá cuando se va a trabajar”, contó Luperfina Castro, de 76 años, desde su pequeña vivienda improvisada en la antigua fábrica. “La vida está muy cara y ahora nos salen con que nos tenemos que ir. Estamos acá desde hace 10 años“, lamentó entre lagrimas.

La “Casa Santa Cruz” o “Villa Cemento“, como llegó a bautizarla años atrás un programa periodístico, ocupa una manzana de 6.500 metros cuadrados frente al parque Florentino Ameghino. Son cinco pisos conectados por una escalera y consta de una terraza. Desde afuera, en la calle, hay pocos indicios que den cuenta sobre el conjunto habitacional que aloja en su interior. Cada rincón, pasillo y ambiente tiene la impronta de las manos de los constructores improvisados, que adaptaron los habitáculos y espacios en función de sus necesidades. Como si fuera un conventillo, pero puesto en pie por sus propios brazos y sudor.

“Este edificio era una desgracia. Estaba lleno de culebras, ratas, desechos y fierros. ¿Cuánto trabajo hemos hecho para limpiar y sacar todo eso?“, recordó Olinda, una de las vecinas que hace más de 12 años vive en la ex fábrica y convive en un pequeño domicilio con su esposo, su nuera y su hija pequeña.

Susana Ordoñez, una de las referentes de Santa Cruz 140, en la puerta del edificio.
Susana Ordoñez, una de las referentes de Santa Cruz 140, en la puerta del edificio.



Convertir una fábrica en un hogar

El proceso de ocupación duró décadas. A partir del boca en boca y los contactos personales, cientos de personas paulatinamente llegaron a la ex hilandería que estaba tomada por la naturaleza y el abandono de sus antiguos dueños. Las familias provenían de otros asentamientos de la Ciudad y del conurbano bonaerense, pero también de provincias del norte argentino o países limítrofes como Perú, Bolivia y Paraguay . Allí, aprovecharon las condiciones edilicias que ofrecía la estructura para transformar los antiguos y derruidos espacios en desuso en departamentos habitables.

“Soy de las primeras que he venido. Esto estaba lleno de murciélagos y cucarachas que subían y bajaban. Era feísimo“, afirmó Victoria Narciso, de 68 años. “Hicimos un trabajo de hormiga y pusimos nuestro granito de arena para sanar todo lo que estaba mal ¡De los huecos salían arañas con pelos!”.

Cada familia tuvo que hacer numerosas reformas para “producir” tanto la casa colectiva, en la que cohabitarían todos, como la individual. Hubo que construir cocinas y baños, poner paredes, colocar puertas, tender todo lo necesario como cañerías e instalaciones eléctricas.

Las viviendas, de variable tamaño, tienden a ser ocupadas por más de cuatro personas.
Las viviendas, de variable tamaño, tienden a ser ocupadas por más de cuatro personas.

No está el claro momento exacto cuando se inició todo. La fábrica ya había cerrado a mediados de los noventa y cuando empezó la radicación, no había máquinas ni objetos de valor en su interior. Algunos ubican la toma entre 1996 y 1998, otros , en el 2002; mientras que la mayoría de los testimonios reflejan ese hecho apenas hace 15 años, en 2006.

Durante ese largo período, el país sobreviviente se impuso al fabril. Pero más allá de las acciones judiciales y distintas etapas, la intranquilidad de quedarse afuera en la calle fue la norma.

Este lunes 29 ya estaríamos en fecha para que se ejecute la orden de desalojo. Estamos en estado de alerta“, contó Susana Ordoñez, referente territorial del complejo habitacional. La resolución dependerá del juez a cargo del expediente, Jorge Cesari , que encabeza el juzgado civil N°60 de la Ciudad de Buenos Aires.



“Pagamos todos los servicios”

La mayoría de las mujeres trabajan de empleadas domésticas de casas de familia.
La mayoría de las mujeres trabajan de empleadas domésticas de casas de familia.

– ¡Ay entró un gato! ¡Entró el gato! Debe ser de la señora Elvira. ¡Señora Elvira!

Yovana tiene 41 años y tres hijos. Es empleada doméstica como la mayoría de las mujeres tienen su techo en Santa Cruz. Con pudor, pide disculpas por el desorden de su hogar, pese a que no se ve una desprolijidad visible. En su domicilio la privacidad parece garantizada, pero el afuera, siempre comunitario, está tan presente que puede ingresar en forma de mascotas de los vecinos.

Vine por necesidad, siempre trabajé y quise comprar algo, pero nunca pude. Acá pagamos todos nuestra luz, el cable, todos los impuestos. Tenemos chicos que tienen el derecho a vivir como seres humanos. La situación está cada vez peor y ellos merecen una vida digna”, aseguró sobre la orden de desalojo.

“Nosotros no pinchamos ni robamos. Acá nada es gratis, pagamos el medidor. Yo soy discapacitada, si me sacan, ¿a dónde voy a ir? Nos tienen que dejar un tiempo para buscar un lugar. Pero a dónde iríamos, ¿a la plaza poner una carpa?”, completó Victoria Narciso.

Los departamentos cuentan con instalaciones esenciales como luz, agua, cloaca y hasta
servicios de cable.

Los departamentos cuentan con instalaciones esenciales como luz, agua, cloaca y hasta servicios de cable.

 

 

 

 

 

 

 



La situación es más delicada para los hogares con menores de edad. Casi en todas las viviendas hay niños. Según uno de los conteos de los últimos años, en Santa Cruz 140 había unas 239 personas, de las cuales 115 eran infantes.

“Tengo dos hijas que terminaron el secundario el año pasado y están en el CBC, y dos chicos en la primaria. Me puede acomodar con ellos, pero sacarlos del colegio es difícil”, señaló Beatriz, una madre soltera de 30 años. “No tengo trabajo estable, vendo pan en la calle y me arreglo como puedo. Pagar una pieza y alquilarla sería imposible. Incluso me aceptarían con dos chicos, pero con cuatro no”, resaltó.

“Tengo tres nenes y soy madre soltera”, señaló Paola, que llegó hace cuatro años y vive en una pequeña pieza en la terraza. La mujer recibe su ingreso de trabajar por horas en la limpieza de casas. “Este edificio es tranquilo, todos trabajan y nos llevamos bien. Estamos preocupados porque no hay dinero para movernos. Estamos mal y tristes, no sabemos cómo vamos a hacer con el desalojo“, expresó.

Así es la terraza del inmueble ubicado en Santa Cruz 140. En uno de los márgenes se erige una vivienda de material.
Así es la terraza del inmueble ubicado en Santa Cruz 140. En uno de los márgenes se erige una vivienda de material.

La sensación de temor ante un inminente desalojo es compartida por todos los vecinos de Santa Cruz.
La sensación de temor ante un inminente desalojo es compartida por todos los vecinos de Santa Cruz.



El frente judicial

El primer frente judicial que tuvieron los vecinos con su vivienda fue con la quiebra de Selsa. La empresa tenía una deuda de casi 4 millones de pesos con Aguas Argentinas y el edificio se puso en remate para liquidar ese rojo con el Estado. En ese marco se produjeron las primeras amenazas de desalojo y los rudimentarios intentos de organización. Pero las intimaciones quedaron en el papel y nada ocurrió.

El hito del conflicto se produjo en julio de 2010, cuando el predio fue adquirido en un remate por un empresario identificado como Leonardo Ratuschny, vinculado al rubro de los hoteles familiares.

“El síndico de ese momento nos recomendó que nos presentáramos a la subasta, pero no teníamos el dinero para comprar. Fue todo raro y oscuro. ¿Qué empresario hubiese querido comprar un edificio sabiendo que viven en él tantas familias?”, explicó Susana Ordoñez.

En medio de larga pulseada legal, los vecinos lograron poner en pie una organización comunitaria. Constituyeron una comisión vecinal, con delegados por piso y ampliaron su apoyo social con organizaciones sociales, políticas y ONG’s que les suministraron patrocinio legal. También recibieron el respaldo de un equipo interdisciplinario de antropólogos y especialistas de la UBA y Conicet, que se encargaron de analizar las condiciones socio-ambientales del edificio.

En la planta baja hay algunos rastros de la autogestión: una pizarra da cuenta de los avisos, las futuras reuniones y las asambleas del vecindario cerrado.

Una de las carteleras donde los vecinos anuncian sus reuniones y asambleas.
Una de las carteleras donde los vecinos anuncian sus reuniones y asambleas.
Uno de los pisos superiores de la ex fábrica SELSA..
Uno de los pisos superiores de la ex fábrica SELSA..

El establecimiento comparte varias características de cualquier tipo de propiedad horizontal tradicional. Uno de los residentes recibe un ingreso por encargarse de la seguridad, se pagan expensas y hay grupos de limpieza para mantener la higiene del lugar.

Parte de esas tareas están bajo la órbita de la cooperativa de vivienda “Papa Francisco“, que tiene como función principal la obtención de un crédito blando para que los vecinos puedan comprar el edificio que recuperaron. Esa prerrogativa está regulada por la Ley 341 -sancionada en el año 2000-, y otorga ese derecho a los hogares en situación de emergencia habitacional. La presentación se formula ante el Instituto de la Vivienda de la Ciudad (IVC), pero los trámites que impulsó la cooperativa nunca llegaron a buen puerto.

No hay una ayuda por parte del Gobierno ni nada. Dicen váyanse a la calle y listo. Queremos un tiempo o algo donde ubicarnos”, afirmó Milton Jesús, 28 años, que vive con su hermana con y sus hijos en un departamento del cuarto piso.

“Todos hacen oídos sordos. Lo que nos darían en el Ministerio de Desarrollo Social no nos alcanza para alquilar una habitación en ningún lugar, que están costando casi 10 mil pesos por mes”, afirmó la referenta Susana Ordoñez. “Hay vecinas que no duermen y están nerviosas hace días. Todo lo que hay acá lo hemos construido entre todos. Hay gente mayor, hay niños, hay discapacitados y mujeres embarazadas. No perdemos las expectativas de que se pueda llegar la solución. Pero si vienen a desalojar, vamos a resistir“, concluyó.



Fotos: Maximiliano Luna

Fuente; 1lockers.net|



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