A José Julián Solanille la historia lo colocó en un lugar incómodo: fue el vecino infiel del Campo de Concentración La Perla.

Militante de Derechos Humanos, docente universitario y arquitecto, Jesús Tejerina, escribió: “El humilde campesino que ni por asomo Menéndez y los torturadores de La Perla imaginaron que algún día se iba a sentar en un tribunal para contar y develar lo que sus ojos habían visto.

Hoy -NdR miércoles 26 de junio- informaron que Solanille ha muerto y no tenemos otras palabras más que agradecerle infinitamente a este humilde y decente campesino que con nada más que su verdad pudo desafiar a la impunidad, el silencio, el miedo y el todopoderoso Tercer Cuerpo de Ejército. Para muchos de nosotros, un héroe.

“A principios de 1976 yo vivía ahí con mi mujer y mis seis hijos ahí cerquita de la cárcel de La Perla. Desde el 24 de marzo lo que ya venía viendo empeoró: se llenó de gente la cárcel y empezaron los gritos todas las noches. Desgarradores gritos todas las noches, señor juez. Mi mujer tenía miedo, se quería ir de ahí. Pero yo no sabía dónde ir, dónde si ahí tenía trabajo. Ahí es cuando empecé a ver lo que estos atorrantes, sinvergüenzas, hijos de mala madre estaban haciendo”…

“Estaba con otro compañero en la Loma del Torito. Habíamos visto la fosa cavada. Unos cuatro metros por cuatro. Tenían a toda la gente en dos filas. No sé, eran muchas personas. Como cien. Algunos vestidos, otros totalmente desnudos. Estaba Menéndez. El había llegado en un (Ford) Falcon blanco. Yo lo había visto. Sabía que se venía algo grande. Y ahí estaba, con su fusil. No lo vi disparar. Pero él dio la orden. La gente estaba encapuchada o vendada o tenían unos anteojos… Los que no tenían nada, los que podían ver, gritaban. Unos hasta corrieron. Pero los mataron por la espalda. Ahí nos rajamos con mi amigo. Estábamos cagados de miedo. Nos habíamos arrastrado hasta arriba de la loma, pero bajamos corriendo. Después se ve que los quemaron. Tiraron explosivos. El humo con ese olor espantoso se vino para mi casa. Era insoportable. Mi mujer y mis hijos se quejaban. Era horrible”…

“Quiero decir que donde todos murieron, yo resucité. El año pasado, el 24 de marzo, cuando fui a La Perla, me infarté. Y si no fuera por los chicos de HIJOS, no estaría acá. Ellos me salvaron y no me morí por diez minutos, me dijo el médico. Emiliano Fessia (encargado de ese espacio de la Memoria) y los chicos me salvaron. Tanta gente que murió ahí y ahí yo resucité” – Testimonio de José Solanille, arriero, vecino del Centro Clandestino de Detención y Exterminio La Perla y testigo en la megacausa”

Entrevista a José Julián Solanille https://www.youtube.com/watch?time_continue=69&v=TnoZANjBzz4

Marta Platía en un artículo del 2013 publicado en el diario Página 12, comenta: <<En La Perla, “donde no murió nadie”, el arriero vio arrojar “los cuerpos de dos chicas desde un helicóptero el 3 de mayo de 1976”. Y en su propia casa, a unos 500 metros del campo de tortura, sintió “el olor a carne quemada de los pozos donde tiraban a la gente. El humo con ese olor espantoso se vino para mi casa. Era insoportable. Mi mujer y mis hijos se quejaban. Era horrible”. En su relato también recordó cuando una perrita que tenía comenzó a llevar a la cucha “huesos chiquitos, cabecitas muy chiquitas…”. Y ahí fue cuando el enorme hombre que es todavía don Solanille, se quebró. Se cubrió los ojos con una de sus manos y sollozó: “Perdónenme Abuelas, pero la perrita traía manitos, bracitos, batitas celestes y rosas…”

–¿Y cómo sabe usted que eran huesos de seres humanos y no de animales? –preguntó el juez Jaime Díaz Gavier.

–Porque soy hombre de campo, señor –respondió con firmeza–. Y sé distinguir cuando son huesos de animal o de cristianos. Y éstos eran de cristianos.

Uno de los tres cómplices de Barreiro en la “comisión para colaborar con la investigación” en este juicio, fue  Luis “Cogote de violín” Manzanelli. También con veleidades de profesor de historia, como su jefe, varios sobrevivientes lo señalaron como un tipo “que parecía tranquilo y de repente era una máquina de torturar”. Un gendarme llegado desde Orán para testificar, Carlos Beltrán, detalló una escena que sucedió en los descampados de La Perla. “Manzanelli, el del ‘cogote torcido’, me ordenó que le dispara a una pareja. Yo me negué. Le dije que entré a Gendarmería a cuidar las fronteras de mi patria, no a matar gente”. Según Beltrán, enloquecido por la ira, el propio Manzanelli los mató. “Les dio un tiro a cada uno. Primero al muchacho, al que le habían hecho cavar el pozo, y después a la chica que estaba embarazada y tenía una panza como de ocho meses. Fue horrible porque ella volvió a levantarse y él la remató a tiros”, describió espantado. Luego contó cómo los rociaron “con nafta, los quemaron y los taparon con tierra” en la oscuridad de los campos que rodean a La Perla. El muchacho fue echado de la Gendarmería por negarse a cumplir la orden>>  El testimonio del arriero cordobés, figura en el Legajo N° 1568.

El de La Perla fue el séptimo juicio por crímenes de Lesa Humanidad en Córdoba. En la primera jornada, los represores se cubrieron las caras con libros. En la causa hubo 54 acusados. Los represores eligieron cubrirse las caras con libros: “El negocio de los derechos humanos”, de Luis Gasulla; “Los traidores. Intimidades de la guerra revolucionaria”, de Carlos Manuel Acuña; “Los secretos de La Tablada. La última acción armada de la guerrilla en la Argentina”, de Sebastián Miranda; fueron algunos de los elegidos en el primer pero no único intento de provocación.
Fueron 22 expedientes, sobre los casi cuatro años en los que se investigaron crímenes cometidos entre marzo de 1975 y diciembre de 1978 contra 716 víctimas.

“La Perla fue una fábrica de muerte concebida por una mente antihumana”, dijo uno de los sobrevivientes, Piero Di Monti.

JOSÉ SOLANILLE PRESENTE, HOY Y SIEMPRE

Fuente: Infobaires 24