Días atrás informamos sobre la decisión de Techint de despedir a más de 1.400 trabajadores en plena cuarentena desafiando el decreto del presidente de la Nación que no permitía echar trabajadores. La empresa en los últimos 3 años ganó u$s 8.299.800.000

(Por Walter Onorato) La empresa dirigida por Paolo Rocca, a pesar del pedido de Alberto Fernández de “que ganen un poco menos esta vez”, decidieron redoblar la apuesta licenciando y recortando salarios a 10.000 trabajadores de las plantas siderúrgicas de Haedo, Ensenada, Canning, Florencio Varela, San Nicolás y Campana.

La empresa Ternium-Siderar, en acuerdo con la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), pagará entre el 50% y el 75% de los salarios a los operarios en una medida presentada como para evitar los despidos. Si bien las plantas bonaerenses se encuentran paralizadas por completo desde el inicio del aislamiento social, preventivo y obligatorio.

Debemos recordar que la empresa perteneciente al holding Techint que no puede ser solidaridad con sus empleados llegó a tener ventas netas en el año 2017 de $38.230,3 millones de los cuales 5.569,8 millones fueron ganancias, las ventas en el 2018 fueron por un monto de u$s11.454 millones de los cuales u$s2.100 millones fueron de ganancia. Por último, en 2019 tuvieron ventas netas por u$s 10.200 millones de los cuales u$s 630 millones fueron de ganancia.

Estos números demuestran claramente que elegir entre economía y salud es un falso dilema. La empresa en sus últimos tres años tuvo ventas netas, según la consulta que realizamos en los balances que tienen publicados en su página web oficial, de u$s 59.884.300.000 de los cuales u$s 8.299.800.000 fueron ganancias.

Los número demuestran, tal como venimos diciendo en varios artículos, de que se trata de la «miserabilidad» de una clase empresarial que trata de obtener beneficios económicos a través de la pandemia siendo capitalistas con los beneficios pero socializando las pérdidas.



Queda demostrado que la empresa Ternium-Siderar no se va a fundir por sostener a sus trabajadores durante uno o dos meses pero el secretario general de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) Antonio Caló aceptó que los trabajadores metalúrgicos que no trabajen por la cuarentena obligatoria cobrarán sólo el 70% de su salario. Argumentando en su defensa que “no acordamos salarios a la baja, logramos que no haya despidos por 120 días y que cobren el 70%”, en una entrevista en El Destape Radio.

Si bien el arreglo entre el sindicato y la empresa entró en rigor amparado en el artículo 223 bis de la ley de Contrato de Trabajo que habilita la negociación de suspensiones, la preocupación entre los trabajadores sigue creciendo. «Después de esto se vienen despidos, es extender la agonía, porque estamos parados desde que se decretó la cuarentena, y ya hubo algunos despidos en empresas tercerizadas», dijo al portal Diputados Bonaerenses un operario que pidió reservar su identidad.

El apriete de Techint que viene resistiendo Alberto Fernández para que se levante la cuarentena es el mismo que sufrió la localidad italiana de Val Seriana, ubicada en la provincia de Bérgamo, Italia, donde Tenaris es una de las principales empresas de la región. La empresa de los Rocca en consonancia con un conglomerado industrial representados por la cámara empresaria Confindustria Bérgamo, repudiaron la cuarentena con la campaña en las redes #YesWeWork y el eslogan “Bergamo non si ferma/Bergamo is running” (Bérgamo no se detiene).

Concretamente el resultado de lo propuesto por las empresas entre ellos Ternium-Siderar de seguir con las fábricas abiertas fueron 63.094 casos de infectados y 11.608 personas muertas al día de de la fecha. Las cifras son contundentes y también demuestran que es un falso dilema impuesto desde los medios hegemónicos de comunicación que tengamos que priorizar la economía o la salud.

La realidad está demostrando que el camino elegido por el Gobierno y que pocos países en el mundo encararon rápidamente es el correcto. Se trata de atender los dos frentes a la vez, Salud y Economía. Siempre privilegiando el criterio sanitarista con el acompañamiento del Estado en medidas de protección y salvataje en el campo económico. No es vida o economía, son las dos cosas a la vez con criterios creativos que ayuden a la reconstrucción una vez que pase el temblor.