Desde que comenzó el ASPO, lxs docentes, debieron buscar estrategias para continuar la educación desde sus casas.

(Por Laura Blanco) Si bien ya habían comenzado las clases, el nivel inicial y primario se encontraban a tan sólo dos semanas de su inicio y, el nivel medio, apenas había transitado la primera semana de su ciclo lectivo.

Durante ese primer contacto, la escuela transita el período de iniciación o diagnóstico en donde construyen el vínculo con sus alumnos y alumnas y también, las pautas de convivencia grupal y de comportamiento institucional. También durante este período, se detectan a través de diferentes actividades individuales y/o grupales, los saberes previos y así se va conociendo a cada alumno y alumna para trazar los lineamientos esperables para ese año, en correspondencia con los contenidos del D.C. ( diseño curricular).

Este año lxs docentes se enfrentan a un proceso de enseñanza-aprendizaje muy diferente. 

Un proceso en el que la escuela, deja de funcionar como edificio pero no, como institución, mudándose a la casa de cada uno y una de lxs docentes.

Y en esto quiero detener la mirada ahora porque, a partir de este contexto, de este escenario distópico, muchxs docentes debieron abrir las puertas de sus casas para continuar las clases y así comenzaron algunas situaciones repudiables.

No habían pasado más que un par de semanas para leer una nota que habían realizado sobre un colega, sometiéndolo a burlas por un infortunio en el momento de una clase virtual. 

No faltaron luego, los “divertidísimos” textos de una aplicación de vídeos que está muy de moda, para que también expusieran situaciones poco fortuitas de otrxs docentes.

Si bien a muchos alumnos y alumnas les parecieron graciosas y comenzaron a viralizarlas en redes es ahí en donde el rol adulto se vuelve fundamental y, como tal debería poner el límite y no, por el contrario, permitir hacer una nota de ello.

De hecho las redes son para mayores de 18 años  con responsabilidad civil sobre sus actos y, sus publicaciones.

También este contexto dejó expuesta otra condición de desigualdad ya que, no todos y todas lxs docentes cuentan con una adecuada preparación para la virtualidad ni con los recursos necesarios para afrontarlos. Hay miles de docentes que no tienen netbooks, notebook o pc y tampoco cuentan con internet.

Conversando con algunas maestras y maestros, se puso de manifiesto un gran trabajo cooperativo en el que articulan y colaboran entre ellxs para que las actividades y clases virtuales lleguen a todxs.

Exponer la intimidad desde lo edilicio o lo familiar, es algo que excede a la práctica docente y a su profesión y no por ello, se es mejor profesional tampoco. 

Por eso, continuar con la tarea docente a pesar de, pone de manifiesto el gran compromiso y la responsabilidad con la que los trabajadores y las trabajadoras de la educación, enfrentan su tarea y la sostienen día a día.