COTO se caracteriza históricamente por maximizar sus ganancias a cualquier costo. Con el aumento de precios de sus productos como consecuencia de su posición dominante y con el empleo de trabajadores tercerizados.

Para la custodia y vigilancia de mercadería contrata siempre a cooperativas de seguridad, figura legal que esconden verdaderas empresas y que constituyen una verdadera estafa laboral que solo les permite acrecentar su rentabilidad ya que licitan a un menor costo, precarizando a los trabajadores al negarles licencias por enfermedad, aguinaldo, vacaciones pagas y el descanso necesario.

Para bajar costos tampoco ofrecen a los trabajadores el curso de capacitación obligatorio, y aquí es donde encontramos parte de la explicación de este brutal asesinato si es que se confirma, que aún no está claro, que fueran protagonistas vigiladores privados, ya que COTO también tiene por costumbre contratar personal policial para garantizar su seguridad.

Duele y lastima ver que trabajadores que tienen salarios por debajo de la línea de la pobreza agredan y maten salvajemente a otro compatriota que lleva mercadería para poder comer. Aquí trágicamente se entrecruzan un gobierno que priva a la mayoría de la población de derechos básicos, empresarios inescrupulosos con una voracidad sin límites y trabajadores que manchan arteramente esta noble y sacrificada profesión.