Se olvidaron de un pequeño detalle: consultar a los vecinos. Nadie tocó a su puerta ni los llamó por teléfono, pero un día se encontraron con la noticia de que la calle en la que viven, pasaría a llamarse de otra manera. Primero tuvieron dudas y luego los ganó el rechazo. Así fue como hoy, finalmente, consiguieron frenar una iniciativa con la que no estaban de acuerdo.

Los vecinos de las calles China, de Villa Ortúzar; y Munich, ubicada en el Bajo Belgrano, respiraron aliviados luego de que la Defensoría del Pueblo de la Ciudad pidiera el archivo de la ley que estaba en debate en la Legislatura para intercambiar los nombres de las calles. La iniciativa ya tenía una votación favorable y debía ser ratificada en segunda lectura, pero se impuso el sentido común.

El enroque de los nombres fue informado por LA NACIÓN a comienzos de febrero y así se enteraron los vecinos. Para ese momento, la iniciativa ya contaba con el visto bueno de las Comunas 13 y 15 y de la Legislatura. A ambas instituciones les pareció lógico que la nomenclatura se ajustara a la identidad del Barrio Chino y del límite entre Parque Chas y Villa Ortúzar.

Pero hoy quedó claro que la identidad pasa centralmente por lo que sienten quienes viven en el lugar. “No nos consultaron por un proyecto que era pintoresco pero que no tenía razón de ser. Hubiera sido más sencillo que se acercaran a hablar con nosotros”, aseguró Leslie Naymark, vecina de la calle China, poco antes del inicio de la audiencia pública que se realizó en la Legislatura porteña convocada para escuchar la opinión ciudadana sobre el expediente.

En la reunión pública, el primer orador fue Juan Balestretti, titular del programa de Instituciones, Colectividades y Redes Territoriales de la Defensoría del Pueblo, quien oficializó el pedido para que el proyecto fuera desestimado por los diputados. “Entendimos que no era oportuno el proyecto y pedimos que se dejara sin efecto mediante su archivo”, explicó.

Entre la lista de 40 participantes también estuvo Ana Abalo, quien vive desde hace 22 años en la calle Munich. La mujer explicó su oposición: “El proyecto vulneraba nuestra identidad cultural. No había necesidad de intercambiar los nombres y nuestro rechazo fue porque creo que toda ley tiene que beneficiar a los vecinos y esto no iba a beneficiar a nadie”.

Una sola abstención

La propuesta fue presentada en la Legislatura en septiembre del año pasado por la Defensoría con el apoyo de la colectividad china y de las Juntas de las Comunas 13 y 15. Recibió una primera aprobación en la sesión ordinaria del 6 de diciembre, en una votación que fue acompañada por casi todos los bloques legislativos, a excepción del espacio de Autodeterminación y Libertad que optó por la abstención.

La propuesta contemplaba que Munich se mudara a la Comuna 15, donde el barrio de Parque Chas ya cuenta con denominaciones de ciudades europeas para algunas de sus calles curvas, como Ginebra, Londres o Berlín y así quedara más acorde a la nomenclatura de la zona.

Mientras que el traslado de la calle China la zona del Bajo Belgrano, a pasos de las Barrancas y del Barrio Chino, el polo turístico y gastronómico de origen oriental, buscaba integrarla a la identidad local.

Tanto China como Munich fueron bautizadas de esa manera por sendas ordenanzas de la entonces Municipalidad de la Capital de los años 1933 y 1934, respectivamente.

Sin embargo, la mayoría de los vecinos de las dos calles desconocía la iniciativa para entonces y, al momento de tener la información, mostraron dudas sobre los trámites que deberían tener que hacer para registrar, por ejemplo, el nuevo domicilio en el Documento Nacional de Identidad o en las empresas de servicios.

Fue así que, a través de redes sociales primero, y de en encuentros en bares de la zona después, comenzaron a dialogar entre los dos grupos de vecinos, con una misma opinión: no estaban de acuerdo con el intercambio de nombres. Y como primer paso mantuvieron una reunión con los funcionarios de la Defensoría para pedirles que retiraran el proyecto de la Legislatura.

“Las razones eran válidas. Entendimos lo que los vecinos plantearon, se los respetó y por eso las calles van a quedar como están”, aseguró Balestretti, quien también preside la Federación Argentina de Colectividades.

Y desde la Defensoría se envió una carta a los legisladores para pedir que el expediente fuese archivado. No obstante, como el proyecto ya tiene media sanción, debía ser debatido en la audiencia pública debido a que se encuadra en las leyes denominadas “de doble lectura”.

“Ahora, el expediente volverá a la comisión de Cultura, donde se firmará su archivo si existe consenso entre los bloques al respecto”, informaron desde la Mesa de Asuntos Parlamentarios.

Vecinos organizados

“Me levanté a la mañana con el llamado de una amiga que me decía que iba a tener que visitarme en mi casa de la calle China”, recordó Ana sobre el instante en que se enteró del cambio de nombres y que ella dejaría de tener la dirección sobre Munich como hace 22 años.

“Ahí fue cuando nos empezamos a buscar por internet con los vecinos de la otra calle, armamos grupos de Whatsapp, nos organizamos, mandamos cartas, hicimos carteles que pegamos en los frentes de las casas y pusimos pasacalles”, repasó la vecina como parte de las acciones que impulsaron en las últimas semanas.

Leslie, por su parte, precisó que lo primero que pensó cuando supo que iba a cambiar el nombre de su calle fue en las cuestiones administrativas que tendría que encarar, como el cambio de domicilio en el DNI o de las empresas de servicio. “Éramos 60 familias las perjudicadas entre los dos pasajes. Por eso surgió una confraternidad entre vecinos para hacer algo que lo impidiera”.

Fuente: La Nación