El escritor y columnista político británico John Wight denuncia el papel del Reino Unido y de los medios hegemónicos en la persecución a Julian Assange emprendida por EEUU. Wight ha alzado su voz desde el primer momento en defensa del periodista australiano. Por otra parte, queremos responder a  muchas personas anónimas que han  preguntado qué pueden hacer por Julian en la distancia, y la respuesta es que pueden escirbirle. Envien cartas por correo postal a: Mr Julian Assange DOB: 3/07/1971. HMP Belmarsh Western Way London SE28 0EB UK. No se preocupen si no pueden escribir en inglés, basta una frase, un dibujo, un símbolo, para hacerle saber que lo apoyan. Háganlo pronto, porque si es enviado a EEUU las condiciones de reclusión probablemente no permitirán que reciba correspondencia. M. Mestre 

El hombre más honesto en Gran Bretaña hoy es Julian Assange, mientras que los más deshonestos son aquellos que están comprometidos en su persecución.

JOHN WIGHT / Rt

La última entrega de esa persecución es una audiencia judicial en Londres este viernes 14 de junio, donde se revelarán por primera vez los detalles de la solicitud de extradición a los Estados Unidos.

La solicitud formal para la extradición del fundador de WikiLeaks fue hecha al Reino Unido por las autoridades de EEUU a principios de semana, y el Secretario de Estado británico, Sajid Javid, firmó los documentos pertinentes que la autorizaron. La decisión final sobre si la extradición de Julian Assange a EEUU sigue adelante ahora recae en los tribunales.

El mal estado de salud de Assange significa que no está claro si podrá asistir a la audiencia en persona o si se dirigirá a la corte mediante un enlace de video desde la prisión de Belmarsh, donde estuvo detenido desde que fue arrestado y sacado por la fuerza de la embajada ecuatoriana en el centro de Londres el 11 de abril.

Lo que demuestra el inicio de la extradición es que Assange siempre estuvo en lo cierto al solicitar asilo político en la Embajada de Ecuador, sobre la base de que estaba bajo la amenaza de extradición a los EEUU y que aquellos que lo reprendieron y ridiculizaron por hacerlo ha quedado como charlatanes.

El caso es que por atreverse a publicar detalles de crímenes de guerra y atrocidades de EEUU en Irak y Afganistán, por no hablar de la posterior información sobre la corrupción a favor de Hillary Clinton en el Congreso Nacional Demócrata en la elección de candidato a las presidenciales estadounidenses en 2016, Assange se enfrenta a la perspectiva de ser enviado para siempre al vacío que es el sistema de justicia de los Estados Unidos.
O al menos lo más cerca posible de la eternidad, dado que quieren enviarlo a prisión durante 175 años por una serie de cargos de espionaje.

Al revelar al mundo la bestialidad de la hegemonía estadounidense que reside detrás de las cortinas de terciopelo de la democracia y los derechos humanos, Julian Assange expuso la mentira de la que depende este Imperio Americano (y no se equivoquen, es un imperio).
Dependen de esa mentira para persuadir a sus supuestos beneficiarios, es decir, a las personas que viven en Occidente, que continúen sin ver la realidad de un sistema en el que han sido condicionados a creer que está arraigado en valores que emanan del corazón humano en lugar del corazón de una máquina.

El resultado final es que al exponer esta mentira, Assange y WikiLeaks se convirtieron en una amenaza mayor para la capacidad de la hegemonía estadounidense de funcionar normalmente que un millón de bayonetas. Como tal, se volvió imperativo que él, como fundador y rostro de WikiLeaks, fuera destruido.

El papel de Gran Bretaña en este proceso no podría ser más sórdido y vergonzoso. Su sistema legal y su poder judicial se han convertido efectivamente en una subsidiaria de su contraparte estadounidense; su función no es impartir justicia sino entregar a un hombre en los brazos de la injusticia.

El destino que le espera a Assange demuestra que existe un mundo de diferencia entre creer que se vive en una sociedad libre y comportarse como si lo fuera. Él es el canario de la mina de carbón de la democracia occidental, el que advierte que sus cimientos están podridos hasta la médula.

Como dije cuando hablé en un evento reciente en Londres sobre «el imperialismo a juicio»,  nunca olvidaré el escalofrío que me recorrió la columna vertebral cuando lo vi sacado de su asilo político en la Embajada de Ecuador en Londres y lo arrojaron en una furgoneta. Era una escena que asociarías con un estado fascista en la década de 1930, no en uno democrático en 2019. Era una visión del futuro que nos espera a menos que la gente en Occidente despierte y se ponga de pie.

La injusticia en el trato dispensado a Julian Assange se ha agravado aun más por la complicidad de los medios de comunicación hegemónicos que, sin excepción, han participado en una campaña implacable de demonización, deslegitimación e incluso deshumanización en lo que a él concierne.

Esos individuos no son periodistas, son soldados ideológicos de infantería. De hecho, ni siquiera son eso, son marionetas y escritorzuelos caros, llamados progresistas, que con un exótico té hindú en una mano y una copia firmada de la autobiografía de Tony Blair, pisan a las personas sin hogar en la calle en el camino a sus clases de yoga y bares de sushi; donde se felicitan mutuamente por la última ofrenda de hígado servida al Dios del periodismo amarillo.

Compare y contraste el tratamiento de Julian Assange por parte de los principales medios de comunicación en el Reino Unido y el tratamiento del periodista de investigación Ivan Golunov en los medios de comunicación rusos. Ante lo que parece haber sido un injusto arresto y detención de Golunov por parte de la policía de Moscú, la prensa rusa se unió para exigir su liberación. En gran parte como resultado de la postura de los medios de comunicación que movilizó a la opinión pública en Rusia, la detención de Golunov terminó en cuestión de días. Es un ejemplo impecable de cómo funciona una prensa libre e independiente al hacer que las autoridades rindan cuentas en nombre de la gente.

Hoy en Gran Bretaña, en un contraste sombrío, tenemos medios de comunicación tradicionales que operan más en la línea de responsabilizar a la gente en nombre de los poderosos. La situación de Julian Assange es un buen ejemplo.

A partir de este momento, en cada etapa de este proceso de extradición execrable, es la justicia británica la que está siendo juzgada, no él. Y hasta ahora el veredicto tiende a ser culpable, culpable de ser un vasallo estadounidense; culpable de la violación de los derechos humanos de Assange; culpable de poner detrás de las rejas la verdad y la justicia y liberar la falsedad y la injusticia.

En última instancia, lo que está en juego en este caso no podría ser más importante o más alto, y en último término es realmente muy sencillo: hasta que Julian Assange sea libre, ninguno de nosotros lo es.

Fuente: Pájaro Rojo