Un jubilado que fue víctima de agresión y muerte por parte de agentes de seguridad empleados de Coto, no conmueve en absoluto al millonario. Un hurto de alimentos, culminó con la agresión física hacia el anciano víctima de un infarto provocado por la paliza que le propinaran los energúmenos que trabajan en uno de los supermercados del empresario. Coto sólo se dedicó a minimizar el hecho trágico.

Coto pasará como ícono del macrismo empresarial en Argentina, desde aquel procesamiento que fuera revocado en diciembre de 2018 contra él y su hijo, tras el hallazgo de un arsenal armamentístico en una de sus sucursales y hasta la muerte del jubilado que fue sorprendido al robar chocolates y una botella de aceite para cocinar; el hipermercadista se ha convertido en el arquetipo del ejemplo político de la época.

«Ni se lo que pasó, no creo que haya sido así (…) Muchas veces en los medios sale la versión tergiversada» dijo a un periodista. «Nadie mató a nadie, pero eso averígüenlo ustedes, que son periodistas» continuó Coto.

Es que el periodista Bercovich insistió con los hechos que determinaron la muerte de Ferrer, luego que el anciano hurtara tres productos en un supermercado de la cadena ubicado en San Telmo. “Coto, pero esto no va a volver a pasar, ¿no?” le dice el periodista. A lo que el multimillonario respondió: «No sé lo que puede pasar».

«Acá no hubo errores. Si vos tenés empresas de seguridad, es parte de lo que pasó en el país. Ustedes son muy jóvenes, no saben lo que pasó en el 2001. Vendrán, vengan, acá estamos» dijo laxamente, Coto.

Al parecer no importa cuánta sangre riegue las calles, sólo importa proteger los alimentos frente al hambre de la gente con un arsenal de guerra y un ejército de empleados de seguridad para reducir hasta la muerte a quien intente hacerse de un bocado de alimento.

Aunque millones de personas se indignaron con el fallecimiento del jubilado en la vereda del supermercado y se produjo una movilización en protesta con carteles de “Coto asesino”, el hipermercadista no se inmuta en su convicción de ejercer la justicia por mano propia.

Nadie el término que utilizara Coto en sus infelices expresiones de ninguneo, remiten a Galeano cuando nos describe a todo ese universo tan despreciable para el que siendo rico, dueño e impune, se siente seguro, cómodo y resguardado bajo la sombra infame de la doctrina Chocobar, el gatillo fácil y la administración de la política criminal, en una gobierno de oligarcas que hace de las instituciones sus bastiones de guerra.

Costamos menos que las balas que nos matan

Eduardo Galeano cita brevemente pero de modo agudo, quiénes somos los Nadies.

“Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pié derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de los nadies, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.”

Fuente: Infobaires 24