La media maratón de Buenos Aires donde corrieron el pasado sábado unos 20.000 atletas se tiño de luto. Es que el santafesino Osvaldo Carrizo, de 55 años, cerca de las 8 de la mañana en el cuarto kilómetro se descompensó. Fue atendido por un cardiólogo. Siete minutos más tarde, Carrizo ingresaba en el Hospital Fernández y luego de 40 minutos falleció por paro cardiorrespiratorio y fibrilación ventricular.

Si bien el corredor estaba formalmente inscripto y que, por lo tanto, había entregado el certificado médico que exige la ley porteña 5397. El diario La Nación realizó el pedido a la organización de la maratón (la ONG Carreras y Maratones Ñandú) de acceder a una copia de ese certificado. “Los organizadores respondieron que se debía buscar entre los 20.000 entregados; al cierre de esta edición, aún no la habían suministrado.”

Por otro lado, otro corredor de 37 años tuvo una perdida súbita de conciencia quien al ser atendido por los médicos se registró ausencia del pulso. “El competidor fue trasladado al Hospital Pirovano y luego derivado al Fernández, con diagnóstico de shock cardiogénico. Se le realizó un cateterismo y quedó internado con asistencia respiratoria mecánica y pronóstico reservado.”

Ambos hechos reabrieron el debate sobre la preparación previa de los participantes, el alcance de los certificados de apto médico y los controles de la organización.